El moribundo imperialismo y el fin de las reglas

El moribundo imperialismo y el fin de las reglas

El 3 de enero a las 3 de la mañana una decena de aeronaves de Estados Unidos violaron el espacio aéreo venezolano, bombardearon 8 puntos en La Guaira, Miranda y Caracas causando más de 100 muertos y el secuestro del presidente Nicolas Maduro y la primera combatiente Cilia Flores. Fueron llevados a Nueva York de forma ilegal, donde se encuentran recluidos en la prisión de Brooklyn. Las posteriores declaraciones del presidente Trump y los sucesos que se han desarrollado agravan la situación y evidencian el rompimiento de un orden establecido desde 1945, ¿por qué y a qué nos enfrentamos en el mundo?

 

En 1939, Adolf Hitler, jefe de estado y de gobierno alemán, ocupó ilegalmente los territorios de Danzig en Polonia. La justificación de Hitler fue que a) estaba recuperando propiedades alemanas que le fueron arrebatadas; b) los polacos residentes en Alemania estaban agrediendo a los alemanes y c) que Polonia era un peligro para Alemania después de un ataque simulado que más tarde se comprobó era falso. Con ese mismo libreto, Donald Trump justificó el ataque a Venezuela: a) recuperar el petróleo que le pertenece a ellos y que les fue arrebatado; b) los migrantes latinos en Estados Unidos (incluidos los venezolanos) están dañando a los norteamericanos y c) Venezuela es un peligro para Estados Unidos por el cartel de los soles, que más tarde se dijo que era falso. ¡Sorprendentemente idéntico! Marx ya decía que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como farsa.

 

La derecha celebró tibiamente en el mundo, no en Venezuela y poco le duró el gusto a los venezolanos de derecha por el secuestro de Maduro. Trump asumió una actitud descarada desde el principio: a) el objetivo es el petróleo; b) Corina Machado no puede asumir el liderazgo de Venezuela porque no tiene popularidad ni respeto del pueblo. Con estas declaraciones, que Trump no hace al azar, sino con información de los servicios de inteligencia y de los intereses de la oligarquía que representa, se cayeron las caretas: su preocupación por la democracia y el narcotráfico era falsa. Pero también se desvanece el discurso de la derecha rancia de México: a) ya no se va a necesitar petróleo y b) Corina Machado ganó las elecciones. El petróleo seguirá siendo necesario por lo menos 20 años más y Machado no pudo haber ganado porque no tiene simpatía popular. ¡Todo fue una farsa!

 

Por su parte, el chavismo mostró la mayor capacidad organizativa que sorprendió a todos al grado de que muchos principiantes dijeran que esto estaba arreglado. Nicolas y Cilia se mostraron tranquilos y lograron transmitirnos su tranquilidad, no son improvisados, ambos llevan años en las luchas populares y vivieron con Chávez los momentos más álgidos del golpe de Estado de 2001 y todos los ataques imperialistas. El pueblo cerró filas en torno a Delcy Rodríguez, otra experimentada revolucionaria que ha sabido hacer frente a Trump y que esto ha limitado una transgresión mayor, sería inútil, por el momento, continuar con ataques que no derrotarán la revolución chavista.

 

El imperialismo de Estados Unidos, que es el dominio hegemónico que impone en todo el mundo, está en su nivel más bajo. En general el sistema mundo-capitalista ha perdido la brújula económica frente al nivel de desarrollo de países como China, incluso, con bloqueo económico, Venezuela fue el país con mayor crecimiento del continente en 2025. Ahora también, el imperialismo ha perdido la brújula moral.

 

Después de la invasión de Hitler a Polonia que desató la cruenta Segunda Guerra Mundial, se establecieron una serie de reglas y ordenamientos que permitieron el fortalecimiento imperial de Estados Unidos a partir del patrón dólar para medir la economía, pero también colocaba al vecino del norte como el modelo a seguir de las democracias, de las libertades y de la prosperidad económica (el sueño americano). Estas normas fueron la guía de convivencia entre las naciones, fueron los límites a las desbordadas ambiciones de regímenes totalitarios o expansionistas. Hoy esas reglas están rotas y nadie se ruboriza de infringirlas.

 

Es decir, el ataque a Venezuela, independientemente si Maduro es o no un dictador (que ya lo discutiremos la siguiente semana), ha tenido consecuencias más profundas de las aparentes: a) demuestra que el mundo (ONU) no tiene capacidad de respuesta y entonces se abre un espacio de acción sin restricciones para los más poderosos, todo se vale; b) se acabaron las parafernalias y los fingimientos, el objetivo de cualquier acción es la ganancia económica; c) los países más débiles estamos en la indefensión y a merced de los caprichos de los más poderosos. Esta fragilidad no es sostenible y terminará, más temprano que tarde, en un conflicto de grandes proporciones, quizás la Tercera Guerra Mundial.

 

La Historia nos enseña que cuando un país pierde su capacidad de imposición hegemónica, reproduce episodios explosivos e implosivos. Estados Unidos vive una crisis interna sin precedentes, el nivel cultural y cognitivo coloca al actual estadounidense promedio como el más ignorante e inculto de los últimos 40 años con un grave problema de ansiedad, adicciones y depresión; hay cifras récord de pobreza, desigualdad y endeudamiento; el mayor nivel de violencia, homicidios dolosos e inseguridad; baja confianza institucional, descrédito y aversión a las fuerzas públicas que han protagonizados escenas represivas. Al exterior, la bestia herida busca más sangre: Groenlandia, Irán, Taiwan, Ucrania, Colombia, Cuba, México, el blanco siguiente podría ser cualquiera y no será suficiente, seguirá con más, hasta que reciba el golpe mortal que no puede venir de otro lado que de la organización de la clase trabajadora de Estados Unidos y la clase trabajadora internacional.

 

Si para decirle al mundo que el socialismo es un fracaso debes acosar al país, bloquearlo económica y financieramente, aislarlo del mundo y atacarlo. Y para decir que el capitalismo es un éxito debes robarle a otros países sus recursos, secuestrar presidentes de naciones más pequeñas y obligarlos militarmente, entonces, algo no cuadra. Es momento de dar la batalla de las ideas, explicar con calma y detenimiento al pueblo, despertar a quien duerme y organizar la unidad de los pueblos para frenar al sanguinario imperialismo que agoniza.

 

 

*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras

 

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