La temporada de carnaval se mantiene como una de las expresiones culturales más antiguas y emblemáticas del estado, y este año no será la excepción; inició formalmente el 1 de febrero y se extenderá hasta aproximadamente el 18 de febrero, con celebraciones en la capital y diversos municipios, consolidando a la entidad como uno de los principales referentes carnavalescos del país.
Estas festividades transforman calles, plazas y barrios en escenarios de danza, música y color, donde destacan las máscaras elaboradas y las representaciones históricas, como batallas simbólicas y rituales relacionados con el bien y el mal.
Para los participantes, especialmente los huehues, el carnaval representa una herencia transmitida por generaciones, durante meses, comparsas y barrios se organizan y ensayan, fortaleciendo la identidad comunitaria y el sentido de pertenencia. Incluso, en municipios como Huejotzingo, la festividad conserva un profundo significado histórico y religioso.
Por su parte, el gobierno estatal ha impulsado los carnavales como un motor turístico, durante febrero se contemplan más de 36 actividades en municipios como Cholula, Huauchinango, Pahuatlán, Coronango y otros Pueblos Mágicos, lo que genera una derrama económica significativa en sectores como hospedaje, restaurantes, transporte y venta de artesanías.
A ello se suma el carácter inclusivo y familiar de muchas celebraciones, donde se priorizan la danza y la música sin el uso de pólvora ni armas de juguete. Este impulso cuenta con el respaldo de autoridades estatales y municipales, que promueven los carnavales como un “orgullo cultural” y los integran a campañas turísticas con operativos de seguridad reforzados.
Además, autoridades destacan que Puebla se convierte durante estas semanas en un punto de atracción para visitantes nacionales e internacionales, reforzando su imagen cultural a nivel nacional.
Sin embargo, las festividades también generan inconformidades, por ejemplo, en la capital poblana, residentes han reportado afectaciones por cierres viales, congestionamiento, ruido y acumulación de basura.
De igual forma, señalan que abunda el consumo excesivo de bebidas embriagantes, uso de pirotecnia y necesidades fisiológicas en la vía pública.
En ediciones anteriores, se han registrado incidentes derivados de aglomeraciones, así como de las llamadas “travesuras” de algunos personajes y de la combinación del consumo de alcohol con grandes concentraciones de personas, lo que ha generado situaciones de riesgo para los asistentes.
En algunos sectores de la población, especialmente entre quienes no participan en los carnavales, se ha generado un rechazo creciente hacia los huehues, a quienes acusan de generar caos y alterar la vida cotidiana. Incluso asociaciones de danzantes también han denunciado la presencia de “falsos organizadores” y comportamientos inadecuados que, aseguran, dañan la imagen y el sentido original de la tradición.
El contraste es evidente, mientras para los participantes el carnaval simboliza devoción, identidad y amor por el barrio, para otros representa desorden, riesgos de seguridad y una festividad que consideran desfasada.
Los carnavales en Puebla siguen siendo una celebración profundamente arraigada, pero también un fenómeno social que enfrenta retos de organización, convivencia y percepción ciudadana. En 2026, la tradición se mantiene viva, aunque envuelta en un debate constante entre su valor cultural y las demandas de orden y tranquilidad urbana.