José Chedraui, entre baches, extorsiones y una descarada aspiración a la reelección

José Chedraui, entre baches, extorsiones y una descarada aspiración a la reelección

Foto: Enfoque

El gobernador, Alejandro Armenta, lanzó este lunes un mensaje directo y sin matices hacia los presidentes municipales del estado: hay flojera, omisión y una preocupante desconexión entre el discurso y la realidad en las calles.

 

Desde la conferencia matutina, el mandatario acusó que varios alcaldes han normalizado problemas básicos como la acumulación de basura y los baches, mientras ya proyectan su continuidad rumbo a 2027.

 

“Hay algunos que quieren ser, tienen el cargo y no hacen nada… les da flojera ver las montoneras de basura en sus municipios, no tapan los baches, tenemos que hacerles los trabajos”, dijo Armenta, evidenciando lo que calificó como una falta de compromiso en funciones elementales de gobierno.

 

El señalamiento no se quedó ahí, también criticó el contraste entre la intensa presencia mediática de algunos ediles y su escaso trabajo territorial; el trasfondo de estas declaraciones no es menor, en los últimos meses, el gobierno estatal ha tenido que intervenir en tareas que corresponden directamente a los ayuntamientos, como jornadas de limpieza, rehabilitación de vialidades y atención a espacios públicos deteriorados.

 

La narrativa oficial, que presume coordinación institucional, se ve rebasada por una realidad donde el estado termina supliendo a los municipios.

 

Y aunque el gobernador evitó mencionar nombres, en el ámbito político local las miradas se dirigieron de inmediato hacia la capital poblana; la administración de José Chedraui ha sido objeto de críticas constantes por la persistencia de baches, rezagos en recolección de basura y una estrategia de comunicación que contrasta con las condiciones visibles en diversas zonas de la ciudad.

 

Los señalamientos del ejecutivo estatal abren un flanco incómodo, si el estado tiene que “entrar al quite”, como reconoció Armenta, la eficacia municipal queda en entredicho.

 

Pero a este escenario se suma ahora un señalamiento todavía más grave, la existencia de una red de extorsión al interior del propio Ayuntamiento. La CANIRAC denunció que inspectores del área de Normatividad estarían exigiendo “mordidas” que van de los 3,000 a los 14,000 pesos a cambio de evitar clausuras o multas, una práctica que, de confirmarse, exhibiría no solo ineficiencia, sino corrupción operando a ras de calle.

 

Lejos de minimizar el tema, Armenta emplazó directamente a Chedraui a revisar a su equipo y asumir responsabilidad por lo que ocurre dentro de su administración; pero no se quedó en el exhorto, pidió a la Fiscalía General del Estado iniciar una investigación formal para esclarecer los hechos y deslindar responsabilidades, elevando el caso de un rumor sectorial a un asunto de posible carácter penal.

 

 

Incluso reveló, antes de concluir su conferencia, haber recibido un mensaje del propio alcalde capitalino, quien aseguró estar a la espera de denuncias formales; una postura que, si bien se apega al procedimiento, también abre otra interrogante: ¿de verdad nadie en el Ayuntamiento sabía lo que, según los restauranteros, era una práctica sistemática?

 

Porque, aunque sí se necesita denuncia para actuar, la extorsión ya es vox populi en el sector, y el problema no es falta de información, sino falta de control. La postal es reveladora, un ayuntamiento que presume gestión, pero enfrenta acusaciones de corrupción interna, y un gobierno estatal que no solo tapa baches, sino que ahora también empuja investigaciones.

 

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Una especie de administración paralela donde el municipio pierde control tanto de los servicios básicos como de la conducta de sus propios funcionarios.

 

Y por si esto fuera poco, en el contexto político. Chedraui, quien recientemente se afilió a Morena, ha evitado descartar una eventual reelección. Aunque públicamente sostiene que “no son tiempos electorales”, sus declaraciones han sido lo suficientemente abiertas para alimentar las versiones sobre su interés en competir nuevamente en 2027. “Todos tenemos derecho a aspirar”, ha dicho.

 

El problema es de fondo, ¿con qué resultados se pretende sostener esa aspiración? Porque si la carta de presentación son calles deterioradas, servicios irregulares y una dependencia creciente del gobierno estatal, la narrativa de continuidad empieza a parecer más un acto de fe que una propuesta política seria.

 

El mensaje de Armenta, en ese sentido, no solo fue un regaño, fue un deslinde, una forma de marcar territorio dentro de su propio partido y, de paso, advertir que no todos los que hoy gobiernan tendrán pase automático mañana. Que la marca ya no alcanza cuando la realidad contradice el discurso.

 

De cara a 2027, el mensaje es claro, la reelección no se construye en conferencias ni en redes sociales, sino en calles limpias, vialidades funcionales y servicios básicos garantizados, y en Puebla, al menos por ahora, esa tarea sigue inconclusa.

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