Comprar un antibiótico, un analgésico o un medicamento a mitad de precio en una página de internet, un puesto ambulante o una farmacia de barrio sin licencia puede parecer un ahorro inteligente.
En México, más del 80 % de la población decide qué tomar, en qué dosis y por cuánto tiempo sin consultar a un profesional de la salud, lo que abre la puerta a una automedicación irresponsable que, lejos de aliviar, puede agravar enfermedades o retrasar diagnósticos cruciales.
El primer gran problema es precisamente la falta de diagnóstico médico; síntomas aparentemente comunes pueden esconder padecimientos de mayor gravedad: un dolor de cabeza persistente podría ser señal de un problema neurológico, mientras que una simple gripe podría evolucionar en una neumonía si no se trata adecuadamente.
Además, el consumo inadecuado de medicamentos puede provocar interacciones peligrosas con otros fármacos, generar resistencia a antibióticos y causar efectos adversos severos, como hemorragias gastrointestinales o daño hepático.
Instituciones como la Secretaría de Salud y la UNAM advierten que esta práctica no sólo retrasa la atención oportuna, sino que puede convertir enfermedades tratables en condiciones irreversibles.
A este riesgo se suma el origen de los medicamentos; en puestos ambulantes, tianguis, plataformas digitales no autorizadas o farmacias sin licencia sanitaria, es común encontrar productos falsificados o de procedencia ilegal, que no contienen el principio activo necesario, sin dosis incorrectas, contaminados con sustancias tóxicas o haber sido almacenados sin las condiciones adecuadas.
También hay casos de medicamentos robados del sector público o con fechas de caducidad alteradas, lo que compromete totalmente su eficacia y seguridad.
La Cofepris ha emitido múltiples alertas al respecto: solo en 2025 detectó la venta ilegal en internet y aplicaciones de al menos 12 medicamentos, incluidos tratamientos para enfermedades graves como cáncer, diabetes y VIH.
El organismo advierte que consumir estos productos puede derivar en reacciones adversas severas o en la falta total de efecto terapéutico; además, en mercados informales se estima que hasta seis de cada diez medicamentos son falsos, caducos o robados, lo que pone en riesgo a millones de personas.
Se han identificado pastillas falsificadas vendidas como analgésicos o estimulantes que en realidad contienen fentanilo o metanfetamina, sustancias altamente peligrosas que han causado muertes tanto en México como en el extranjero. Asimismo, redes de farmacias virtuales ilegales han distribuido millones de píldoras adulteradas, engañando a consumidores que creían adquirir medicamentos legítimos.
Ante este panorama, las autoridades sanitarias son contundentes: no se deben comprar medicamentos en sitios no regulados ni consumirlos sin supervisión médica. Cofepris recomienda adquirirlos únicamente en establecimientos con Aviso de Funcionamiento o Licencia Sanitaria, verificar su registro y desconfiar de precios inusualmente bajos, además, recalca que los medicamentos controlados siempre deben venderse con receta.
En conclusión, lo que parece un ahorro inmediato puede traducirse en un costo mucho mayor para la salud; la automedicación y la compra de medicamentos de origen incierto no sólo ponen en riesgo la eficacia del tratamiento, sino la vida misma.