El daño ecológico por el derrame es irreversible; retirar el crudo visible no es suficiente

El daño ecológico por el derrame es irreversible; retirar el crudo visible no es suficiente

Foto: FreePik

Mientras el gobierno federal y Pemex aseguran un avance de entre 85 y 88 % en la “limpieza” de playas afectadas por el derrame de hidrocarburo en el Golfo de México, la evidencia en campo y en redes sociales dibuja un escenario mucho más grave. 

 

Videos difundidos en los últimos días muestran tortugas cubiertas de chapopote, peces y crustáceos agonizando, así como manglares ennegrecidos, lo que contrasta con las cifras oficiales de más de 128 toneladas de residuos recolectados y el supuesto despliegue de 2,400 elementos. 

 

El incidente, detectado a inicios de marzo de 2026, ha contaminado más de 630 kilómetros de litoral entre Veracruz y Tabasco, con al menos 51 sitios afectados, incluidos ecosistemas protegidos como el Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo.

 

 

A pesar de la magnitud del daño, el origen del derrame sigue sin esclarecer: autoridades federales han señalado la posible responsabilidad de una embarcación privada, descartando en principio a Pemex; sin embargo, ni la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente ni la Presidencia han revelado el nombre de la empresa involucrada. 

 

La presidenta Claudia Sheinbaum no ha descartado abrir una investigación penal, mientras que Pemex y la Secretaría de Marina mantienen labores de contención y limpieza. En contraste, organizaciones ambientalistas como Greenpeace denuncian que los trabajos son insuficientes y advierten que al menos 26 playas no han recibido atención, mientras el crudo continúa avanzando hacia manglares y lagunas costeras.

 

Especialistas advierten que el impacto de un derrame de petróleo va mucho más allá de lo visible, al extenderse sobre la superficie marina, el crudo forma una película que bloquea la luz solar, afectando la fotosíntesis del fitoplancton, base de la cadena alimenticia. 

 

Además, sus componentes tóxicos provocan daños severos en la fauna, desde afectaciones respiratorias y orgánicas hasta fallas reproductivas y debilitamiento del sistema inmunológico en peces, tortugas, aves y crustáceos. 

 

 

A ello se suma el fenómeno de “recubrimiento”, en el que el petróleo se adhiere a plumas, piel o caparazones, impidiendo funciones vitales como el vuelo o la regulación térmica.

 

En ecosistemas costeros como manglares y arrecifes, clave en la reproducción de múltiples especies, el daño puede ser aún más profundo, el petróleo tiende a hundirse y fijarse en sedimentos y raíces, provocando la muerte de la vegetación y alterando hábitats esenciales para especies comerciales como el camarón y el ostión, así como para fauna protegida. 

 

En estos entornos, la limpieza resulta compleja e incluso contraproducente si no se lleva a cabo con técnicas especializadas, ya que remover sedimentos contaminados puede agravar la afectación.

 

Aunque las labores de saneamiento permiten retirar el crudo visible, especialistas coinciden en que no representan una solución definitiva, ya que parte del hidrocarburo se evapora o dispersa en el agua, incrementando su toxicidad, mientras otra fracción se transforma en bolas de chapopote que permanecen durante años en el fondo marino. 

 

Los efectos más persistentes, como la bioacumulación de toxinas, la alteración reproductiva y la disminución de poblaciones, pueden extenderse por décadas, incluso después de declararse “limpia” una zona.

 

 

En paralelo, comunidades costeras enfrentan ya las consecuencias económicas, pescadores reportan caída en sus capturas y habitantes denuncian que participan en labores de limpieza sin el equipo adecuado, mientras el turismo, especialmente de cara a la temporada de Semana Santa, comienza a resentir el impacto. 

 

La situación revive recuerdos del derrame de Ixtoc-I en 1979, el mayor desastre petrolero en la historia de México en la Sonda de Campeche. Una explosión provocó un incendio de 280 días y derramó aproximadamente 560 millones de litros de crudo. El petróleo llegó a las costas de Campeche, Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, e incluso Texas, matando fauna marina, contaminando manglares y afectando pesquerías durante años. Solo se recolectó el 5.4 % del crudo; el resto se quemó, evaporó o dispersó.

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