El primer mapa global de hongos micorrícicos arbusculares reveló una red subterránea de escala planetaria. El estudio, publicado en Science, estima su distribución, densidad y masa en los suelos superficiales de la Tierra, con implicaciones para el cambio climático, la agricultura y la conservación.
La investigación fue publicada el 11 de junio de 2026 por un equipo internacional vinculado con la Society for the Protection of Underground Networks (SPUN). El trabajo calculó que los suelos superficiales contienen cerca de 110 mil billones de kilómetros de hifas, estructuras tubulares que forman las redes de estos hongos.
Esa longitud equivale a casi mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol, según la comunicación científica de SPUN. La organización también presentó una visualización interactiva para observar la densidad de esta infraestructura fúngica global.
Los hongos micorrícicos arbusculares establecen relaciones simbióticas con cerca del 70% de las especies vegetales terrestres. En ese intercambio, las plantas entregan carbono producido mediante fotosíntesis, mientras los hongos aportan agua y nutrientes como fósforo y nitrógeno.
El estudio estimó que estas redes transportan alrededor de 4.000 millones de toneladas de CO₂ equivalente hacia los suelos cada año. Esa cifra corresponde a cerca de 11% de las emisiones globales de dióxido de carbono vinculadas con actividades humanas, de acuerdo con los investigadores.
Justo debajo de ti hay una red viva tan inmensa que, estirada, llegaría al Sol y volvería casi mil millones de veces. Un estudio publicado hoy en la revista Science, liderado por la organización SPUN, logró mapearla por primera vez en la historia. Son los hongos micorrízicos: pic.twitter.com/XxlF6jch3a
— Willan @bata (@willanRSC) June 12, 2026
Los pastizales concentran aproximadamente 40% de la infraestructura mundial de hongos micorrícicos arbusculares. Entre las zonas con densidades especialmente altas aparecen los pastizales inundados de Sudán del Sur, los Everglades de Florida y la meseta tibetana.
El equipo construyó sus modelos a partir de más de 16.000 muestras de suelo recolectadas en distintas regiones. También empleó aprendizaje automático, capas de datos ambientales e imágenes robóticas de más de 300.000 hifas vivas cultivadas en laboratorio para calibrar sus estimaciones.
"Es difícil exagerar la importancia y la magnitud de estos hongos", afirmó el Dr. Justin Stewart, autor principal del estudio e integrante de SPUN. El investigador añadió que "en tan solo una cucharadita de tierra podría haber hasta 10 metros de red micorrícica".
La agricultura intensiva aparece como una posible presión sobre estas redes. En promedio, las tierras agrícolas de cultivo a gran escala presentarían densidades cercanas a 50% menores frente a ecosistemas silvestres, aunque los autores señalaron que se requiere más investigación sobre prácticas específicas.
Un estudio estima que las hifas de los hongos micorrícicos suman 110 mil billones de km en todo el mundo. Estas redes subterráneas son clave para captar nutrientes y almacenar carbono, pero su densidad es un 47 % menor en tierras agrícolas que en ecosistemas naturales. pic.twitter.com/CmOh57i4dF
— Helios E.M. (@Helios_EM) June 12, 2026
La menor densidad preocupa por sus efectos en el almacenamiento de carbono, el reciclaje de nutrientes y la resistencia del suelo ante sequías u otros factores de estrés. La Vrije Universiteit Amsterdam señaló que los resultados refuerzan la necesidad de incluir los ecosistemas subterráneos en políticas de clima, biodiversidad y producción de alimentos.
"Con la aparición de nuevas tecnologías en imágenes de alta resolución, aprendizaje automático y robótica, estamos empezando a descubrir lo que durante mucho tiempo ha permanecido oculto bajo nuestros pies", afirmó el Dr. Corentin Bisot, coautor principal del estudio. La investigación también permitió calcular densidades por cada kilómetro cuadrado de superficie terrestre, con exclusión de casquetes polares y zonas sin datos suficientes.
El mapa deja regiones sin muestreo suficiente y abre una base para monitorear suelos, pastizales y áreas agrícolas. SPUN indicó que los datos subyacentes están disponibles para científicos y responsables de decisión interesados en identificar dónde prosperan estas redes y dónde podrían estar bajo amenaza.