Conectar un vehículo eléctrico a un cargador rápido activa además de la transferencia de energía una comunicación informática entre ambos equipos. Adam Laurie, Chief Information & Product Security Officer de Alpitronic, explicó en el DEF CON de Las Vegas que al realizar la conexión se crea una red IPv6 y comienza un intercambio bidireccional de información durante la sesión de carga.
El vehículo comunica al cargador datos relacionados con sus necesidades, entre ellos el voltaje que puede manejar y el porcentaje de carga que busca alcanzar. Esa comunicación continúa en ambos sentidos conforme avanza la sesión, por lo que Laurie describió en la expo de ciberseguridad al cargador como un dispositivo de red y no únicamente como infraestructura eléctrica.
Dentro del equipo también funcionan componentes habituales de una infraestructura informática, como firewalls, routers y conexiones internas. El cargador mantiene comunicaciones relacionadas con los sistemas de pago y con sus operadores, quienes pueden monitorear su funcionamiento. Durante una entrevista, Alpitronic explicó que utiliza estadísticas de las sesiones para mantenimiento predictivo y aplica aprendizaje automático para analizar su comportamiento.
Esta arquitectura amplía la dimensión de ciberseguridad de la carga eléctrica. El especialista planteó como un riesgo potencial la posibilidad de pasar desde el cargador hacia el automóvil o hacia sistemas externos relacionados con pagos y operadores. La existencia de esas conexiones no implica por sí misma que ese recorrido pueda realizarse, sino que forma parte de los escenarios de ataque que la industria busca examinar.
Las primeras investigaciones sobre este tipo de infraestructura mostraron por qué esa superficie necesitaba atención. Según Laurie, hace algunos años investigadores comenzaron a ejecutar escaneos de red desde ambos extremos de la conexión y encontraron cargadores con servicios visibles que sus diseñadores no habían previsto exponer desde el vehículo. Esas exploraciones permitieron identificar vulnerabilidades en equipos de aquella etapa.
Por su parte, el reconocimiento de los cargadores como dispositivos conectados también ha cambiado las pruebas de seguridad. Los ataques investigados se han vuelto más sofisticados a medida que fabricantes y especialistas comprenden mejor las posibilidades de la infraestructura. Ante esto, explicó que Alpitronic mantiene un equipo dedicado a atacar sus propios sistemas y recurre además a investigadores externos para buscar vulnerabilidades desconocidas.
Así, detrás de una operación aparentemente sencilla —conectar un automóvil para recargar su batería— funciona una sesión de comunicación entre dispositivos. La electricidad sigue siendo la función visible del cargador, pero IPv6, las conexiones internas y el intercambio permanente de datos forman parte de la infraestructura que también debe protegerse.