Calles de Puebla, una carrera de obstáculos para los peatones

Calles de Puebla, una carrera de obstáculos para los peatones

Foto: Enfoque

Caminar por Puebla no siempre significa simplemente desplazarse de un punto a otro, para miles de personas, hacerlo implica sortear banquetas rotas, vehículos estacionados en zonas peatonales, motocicletas, postes, basura, registros abiertos, comercio informal y cruces donde atravesar la calle puede convertirse en un acto de riesgo.

 

Este 17 de agosto, con motivo del Día Mundial del Peatón, la ciudad enfrenta una contradicción evidente: mientras las autoridades hablan de movilidad incluyente y seguridad vial, en buena parte de sus calles el peatón continúa siendo quien debe adaptarse a una serie de problemas que le impiden traslados accesibles y seguros.

 

La conmemoración recuerda el primer atropellamiento mortal registrado, ocurrido el 17 de agosto de 1897 en Londres, cuando Bridget Driscoll murió tras ser embestida por un automóvil. Más de un siglo después, la vulnerabilidad de quienes caminan continúa siendo un problema mundial y Puebla no es la excepción.

 

En la capital poblana, las banquetas frecuentemente presentan grietas, desniveles, hoyos, raíces, superficies irregulares y tramos prácticamente intransitables. En otros puntos, el espacio destinado al peatón desaparece entre postes, estructuras metálicas, rampas vehiculares, mercancía, basura o automóviles.

 

El problema se vuelve todavía más grave para personas con discapacidad, adultos mayores, niñas y niños, quienes requieren superficies continuas, rampas adecuadas, líneas podotáctiles y cruces accesibles.

 

Entre 2020 y 2022 se registraron 31 defunciones en la vía pública asociadas con elementos peligrosos en calles y zonas peatonales, de acuerdo con datos citados por autoridades municipales. La cifra muestra que una banqueta deteriorada o un registro abierto no son únicamente problemas de imagen urbana: pueden convertirse en factores de riesgo.

 

Pero el peligro no termina al abandonar la banqueta, numerosas vialidades presentan cruces sin condiciones adecuadas de seguridad, semáforos peatonales inexistentes o tiempos insuficientes para completar el recorrido.

 

En avenidas de alta circulación, el peatón debe calcular velocidad, distancia y tiempo mientras enfrenta vehículos que no siempre respetan los pasos peatonales o que hacen giros sin ceder el paso.

 

La consecuencia es una ciudad donde, en determinados puntos, caminar exige prácticamente una estrategia de supervivencia, buscar un espacio entre vehículos, esperar una oportunidad para cruzar y confiar en que el conductor disminuya la velocidad.

 

Las estadísticas reflejan la dimensión del riesgo, tan solo en 2024, Puebla registró más de 1,000 accidentes relacionados con peatones, cifra que representó un incremento de 115 % respecto al año anterior, según datos de la Secretaría de Salud.

 

Durante los primeros siete meses de 2025 se contabilizaron 596 personas atropelladas en la entidad, equivalente a un promedio cercano a tres víctimas diarias.

 

Más allá de las cifras, cada atropellamiento representa una persona que enfrenta lesiones, discapacidad o, en los casos más graves, la muerte, por ello, reducir estos hechos no puede depender exclusivamente de pedir al peatón que tenga precaución.

 

El problema de fondo es urbano. Durante décadas, buena parte de la infraestructura vial se ha construido bajo una lógica que prioriza la circulación vehicular, mientras el peatón queda relegado a espacios reducidos o discontinuos.

 

El Día Mundial del Peatón debería servir para algo más que una campaña de concientización, también tendría que ser un recordatorio de que una ciudad segura se mide por la posibilidad de que una persona pueda caminar sin tener que bajar de la banqueta, esquivar vehículos o exponerse al tráfico para llegar a su destino.

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