Este 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial sin Coche; en Puebla, moverse sin automóvil es posible, pero todavía implica tiempos largos, transbordos, riesgos y costos adicionales; para miles de poblanos, vivir sin automóvil particular no es una decisión ambiental ni una moda: es una necesidad.
Por ello, a propósito de esta conmemoración, surge el cuestionamiento ¿qué tan fácil es vivir y trasladarse por Puebla sin tener vehículo propio?
La respuesta es intermedia, la ciudad cuenta con una red de transporte público que permite conectar buena parte de la zona metropolitana, además de taxis, plataformas digitales, ciclovías y espacios para caminar; sin embargo, la experiencia cambia considerablemente dependiendo de dónde se viva, dónde se trabaje y a qué hora sea necesario trasladarse.
RUTA, columna vertebral del transporte
La Red Urbana de Transporte Articulado (RUTA) representa la parte más estructurada del transporte público poblano, sus cuatro líneas troncales y rutas alimentadoras conectan distintos puntos de Puebla y municipios de la zona metropolitana, con cientos de kilómetros de recorrido.
Las tarifas de las líneas 1, 2 y 3 se mantienen en 7.50 pesos, mientras que las alimentadoras tienen un costo menor; la Línea 4, que circula por el Periférico Ecológico, maneja una tarifa superior; el sistema cuenta además con infraestructura de accesibilidad, como rampas y guías podotáctiles en distintas estaciones, así como tarifas preferenciales para algunos grupos.
Pero fuera de RUTA el panorama es distinto, porque las rutas tradicionales todavía enfrentan problemas de antigüedad de unidades, saturación, frecuencias irregulares, inseguridad y falta de adaptación para personas con discapacidad.
Para quienes deben hacer varios transbordos, el tiempo de traslado puede convertirse en uno de los principales costos de no tener automóvil.
Taxis y aplicaciones, movilidad a cambio de pagar más
Cuando el transporte colectivo no llega, tarda demasiado o deja de operar, los taxis y plataformas como Uber y DiDi se convierten en una alternativa. La ventaja es evidente, permiten llegar prácticamente de puerta a puerta y ofrecen mayor flexibilidad de horarios, solo que el problema aparece en el bolsillo.
Las tarifas pueden aumentar considerablemente durante las horas de mayor demanda, lluvia o contingencias en el transporte público, para una persona que utiliza estos servicios ocasionalmente son una solución; para quien depende de ellos todos los días, representan un gasto difícil de sostener.
Caminar tampoco siempre es sencillo
La movilidad sin automóvil comienza desde la banqueta y ahí Puebla también tiene pendientes; aunque la legislación establece la prioridad del peatón y se han llevado a cabo intervenciones con rampas, semáforos, señalización y adecuaciones en algunos cruceros, todavía existen calles con banquetas estrechas, irregulares, obstruidas o prácticamente inexistentes.
El problema aumenta en avenidas de alta circulación y zonas periféricas, donde cruzar una vialidad puede convertirse en un riesgo para adultos mayores, usuarios de silla de ruedas, padres con carriolas o personas con alguna discapacidad, una banqueta en mal estado puede significar que una ruta aparentemente corta sea prácticamente inaccesible.
Bicicleta y scooter: más infraestructura, pero desconectada
La bicicleta también ha ganado espacio en Puebla, la red de ciclovías ha crecido durante los últimos años y hay corredores que permiten recorrer importantes sectores de la ciudad sin utilizar automóvil; sin embargo, el problema ya no es solamente construir kilómetros, sino conseguir que estén conectados, sean seguros y reciban mantenimiento constante.
Los tramos discontinuos, vehículos estacionados sobre las ciclovías y la falta de infraestructura en determinadas zonas obligan a ciclistas y usuarios de scooters a compartir espacios con automóviles, lo que incrementa los riesgos.
Entonces, ¿es fácil vivir sin coche en Puebla?
Depende de dónde se viva y de dónde haya que llegar, en zonas cercanas al Centro Histórico y a los principales corredores de RUTA, combinar transporte público, caminata y eventualmente una plataforma digital puede hacer relativamente manejable la vida sin automóvil.
Pero para quienes viven en la periferia, trabajan de noche, necesitan hacer varios traslados durante el día o tienen alguna discapacidad, las dificultades se multiplican, más tiempo en el transporte, más transbordos, mayores distancias a pie y, en algunos casos, la necesidad de pagar taxis o plataformas para completar el recorrido.
Puebla ha avanzado en transporte articulado, infraestructura ciclista, accesibilidad y nuevos proyectos de movilidad, pero el Día Mundial sin Coche deja una realidad sobre la mesa: para una parte importante de la población, vivir sin automóvil no es un ejercicio de un día, sino una condición cotidiana.
Y mientras existan banquetas deficientes, rutas poco accesibles, conexiones incompletas y traslados que consumen horas, Puebla seguirá siendo una “capital imparable” donde moverse sin coche es posible, pero todavía no necesariamente fácil.