El terremoto de magnitud 7,7 que sacudió Panamá el viernes 9 de octubre fue uno de los más fuertes registrados en el país en más de un siglo. A las 12:56, la tierra comenzó a temblar en buena parte del territorio, mientras cientos de personas abandonaban edificios en Ciudad de Panamá y las autoridades activaban protocolos de emergencia ante posibles réplicas y amenazas de tsunami.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) situó el epicentro en la región central del país, cerca de la península de Azuero. La sacudida afectó especialmente a Los Santos, Herrera y Veraguas, donde comenzaron a reportarse daños en viviendas, instalaciones públicas y carreteras. Sin embargo, Panamá no registró ninguna víctima mortal.
El terremoto dejó 27 personas lesionadas, entre ellas 15 estudiantes de una escuela en Coclé. Las autoridades identificaron daños en 419 centros educativos, más de 426 viviendas y al menos nueve puentes.
¿Preparación o suerte? Las ventajas que tuvo Panamá
La ubicación del epicentro fue determinante. La región afectada presenta una población más dispersa y predominan las viviendas bajas, lo que redujo la exposición a derrumbes de edificios de gran altura.
El presidente de la Cruz Roja de Panamá, Elías Solís, explicó al diario Clarín: "La infraestructura no es alta, son viviendas bajas unifamiliares. Por eso no vimos las imágenes de terremotos de otros países".
También influyeron las características del terreno. En sectores del centro del país y de la capital predominan formaciones rocosas que ofrecen condiciones favorables para las cimentaciones.
El especialista en Ingeniería Estructural y Sísmica Oscar Ramírez destacó: "Los edificios más altos aquí están cimentados sobre roca, es una bendición para nuestro país".
A estas ventajas naturales se suma el Reglamento para el Diseño Estructural Panameño, actualizado en 2014, que establece criterios de resistencia sísmica. Los protocolos de evacuación y los simulacros también forman parte de la preparación ciudadana.
Reyes Jiménez, director de la Academia de Protección Civil del Sistema Nacional de Protección Civil, explicó la importancia de preparar a las comunidades para actuar por cuenta propia: "La teoría de los simulacros es llevar a una población a que hay que evacuar. No esperar que una institución ya me evacuó o que haga, sino que la misma comunidad aprenda a tener una cultura de la protección civil".
La preparación, de todos modos, no elimina el peligro. Panamá se encuentra sobre una microplaca tectónica rodeada de estructuras geológicas activas, entre ellas el Sistema de Fallas Azuero–Soná, asociado a la actividad sísmica de la región donde ocurrió el reciente terremoto. Y su propia historia demuestra que un movimiento de gran magnitud puede tener consecuencias muy distintas.