“Policía Naranja” de Chedraui se diluye mientras las poblanas viven con miedo

“Policía Naranja” de Chedraui se diluye mientras las poblanas viven con miedo

Foto: Enfoque

Ayer, durante la glosa del segundo informe de gobierno, la regidora priista Shirley Ponce volvió a poner en evidencia a la administración de José Chedraui, al cuestionar de frente a la secretaria de las Mujeres, Zaira González Gómez, sobre la inexistente Policía Naranja, aquella promesa de campaña que el alcalde vendió como un escuadrón especializado para proteger a las mujeres en las calles de la capital.

 

La respuesta oficial fue clara y decepcionante: no habrá policías naranjas patrullando, solo un “protocolo” de capacitación con perspectiva de género para los elementos municipales ya existentes.

 

 

En 2024, cuando Chedraui aún era candidato de la coalición Sigamos Haciendo Historia, la promesa sonaba contundente; en recorridos por juntas auxiliares como Ignacio Zaragoza y en encuentros con estudiantes, afirmaba que la Policía Naranja sería “exclusivamente para que cuide a las mujeres en la capital poblana”, con “senderos seguros” para que pudieran transitar libre y tranquilamente.

 

Hablaba de un mecanismo coordinado con el gobierno estatal y la zona metropolitana, complementado con centros de atención inmediata en juntas auxiliares y unidades habitacionales; el mensaje era inequívoco: policías dedicados a proteger a las mujeres en vía pública.

 

 

Hoy, dos años después, esa promesa se ha reducido a una justificación burocrática, González Gómez explicó que “toda la Policía sea Naranja” significa capacitar a los elementos con herramientas y protocolos para que “ninguna mujer pueda ser víctima de violencia”.

 

Señaló también la existencia de la Unidad de Atención Inmediata a las Mujeres (UDAIM), creada en respuesta a la Alerta de Violencia de Género y aprobada por Cabildo en marzo de 2026, pero Ponce fue directa: la campaña no prometió un protocolo, sino presencia real en las calles.

 

Mientras tanto, la percepción de inseguridad en Puebla capital sigue siendo alarmante, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI correspondiente a septiembre de 2026, el 84.5% de los habitantes de la ciudad considera inseguro vivir en ella, una de las cifras más altas del país.

 

A nivel nacional, las mujeres reportan mayor temor con 64.2%, que los hombres con 50.6%; un sondeo reciente de Indicadores en la zona metropolitana refuerza el diagnóstico: seis de cada diez personas consideran que los municipios no son seguros para las mujeres, y el 53% percibe que la violencia hacia ellas ha aumentado en el último año; el 71% cree poco o nada probable que una mujer que denuncia reciba protección real.

 

La administración de Chedraui presume avances, la red "Punto Seguro" con 329 tiendas OXXO, plazas y espacios municipales donde mujeres pueden resguardarse momentáneamente; casi 3,900 asesorías jurídicas y psicológicas gratuitas; talleres de prevención y nuevas masculinidades; capacitaciones a 500 policías; y la propia UDAIM.

 

También reportan más operativos, nuevos elementos policiales y sistemas de videovigilancia; sin embargo, estos esfuerzos se perciben insuficientes frente a la promesa original y a la realidad que viven miles de mujeres que siguen sintiendo miedo al caminar por las calles, usar el transporte o acercarse a un cajero.

 

El contexto se agrava por el historial de confrontaciones entre Ponce y Chedraui, la regidora ha denunciado en reiteradas ocasiones tratos denigrantes, censura y violencia política de género en el Cabildo.

 

En agosto de 2026, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla la incorporó al programa “Mujeres Seguras” y dictó medidas cautelares tras señalamientos de presunta violencia institucional.

 

Ayer, mientras la secretaria hablaba de foros y talleres, la crítica de Ponce dejó en claro que el problema no se resuelve solo con protocolos y capacitaciones.

 

La Policía Naranja de campaña prometía presencia y protección tangible, la del gobierno de Chedraui se ha convertido en un discurso diluido. En una ciudad donde la inmensa mayoría de las mujeres se siente insegura, convertir una promesa de escuadrón especializado en un simple protocolo, es una muestra de cómo las prioridades de campaña se diluyen cuando llega el momento de gobernar.

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